domingo, 19 de mayo de 2013

"Del placer de actuar al placer de pensar"


“La práctica psicomotriz educativa y preventiva es una práctica que acompaña las actividades lúdicas del niño. Está concebida como un itinerario de maduración que favorece el paso del placer de actuar al placer de pensar y permite al niño asegurarse frente a las angustias”
Bernard Aucouturier

- ¿Qué es la psicomotricidad educativa
- ¿Qué capacidades desarrolla y cómo?
- ¿Cuál es la función del psicomotricista?
- ¿Cómo se desarrolla una sesión?

  
¿Qué es la psicomotricidad educativa?

Es una práctica que a través del movimiento y el juego libre de los niños, contribuye al desarrollo autónomo de sus capacidades y a la afirmación del niño como sujeto.


¿Qué capacidades se desarrollan y cómo?

Aunque en este artículo aparezcan tratadas por separado, las capacidades motoras, afectivas, sociales y cognitivas evolucionan paralelamente desde la "libertad de acción del niño en condiciones de seguridad material y afectiva" (Aucouturier):

v  Motoras, porque es una práctica que se basa en el movimiento libre y espontáneo. El movimiento es de vital importancia para el desarrollo del niño: a través del cuerpo y del movimiento se conoce a si mismo, se desplaza para conocer el entorno y los objetos, se relaciona con los demás, se expresa y comunica. Cuanto más autónomo y libre sea el desarrollo de su motricidad (Pikler), mayor equilibrio y naturalidad alcanzará en sus posturas y movimientos porque no serán forzados y prematuros. Los niños experimentan así el deseo y la necesidad de moverse y de actuar. El sentirse autónomos les da una gran confianza y seguridad en sus capacidades porque experimentan todo lo que pueden hacer por si mismos, y sienten una mayor motivación y curiosidad porque los objetivos que persiguen son propios y no impuestos. Curiosidad que, como menciona Aucouturier, se transformará en curiosidad intelectual cuando llegue el momento en el que el niño piense la acción si actuar (a los 6 ó 7 años). Cuando el niño está actuando, está pensando. No tiene por tanto sentido apresurar al niño hacia los aprendizajes cognitivos. 



v     Afectivas, porque a través del cuerpo y del movimiento libre el niño se expresa: alegría, placer, miedo, ira, tristeza, preocupación... En las sesiones de psicomotricidad no hay emociones permitidas y emociones reprimidas. En la sala los niños lloran, gritan, ríen a carcajadas…: se están expresando porque el movimiento les provoca emociones y la expresión de las emociones es de gran importancia para el bienestar.

Si los niños se pueden expresar de forma espontánea a través del movimiento, también serán capaces de expresar más adelante sus emociones de forma verbal. En general ¿cuánto nos cuesta expresar nuestras emociones a los adultos? En muchas ocasiones nos encontramos bloqueados emocionalmente, por lo que es fundamental que se pueda desarrollar de forma plena esta forma de comunicación y expresión, en un espacio en el que se establecen relaciones de forma espontánea, sin condicionamientos por parte el adulto y desde el respeto al otro, antes de llegar a lo verbal.

v    Sociales, porque se trata de una actividad que se realiza en grupo y porque a través del movimiento nos acercamos a los demás (o no...). En la sala de psicomotricidad se establecen relaciones sociales de forma espontánea y, como hemos visto anteriormente, sin condicionamientos  externos por parte del adulto. Los niños se relacionan con quien quieren y como quieren, siempre desde el respeto. Hay una norma que se recuerda la principio de cada sesión: para poder jugar no podemos hacer daño, ni a nosotros ni a los demás.


En las sesiones surgen conflictos entre los niños (por el espacio, por los objetos, por la atención de otro niño o del adulto…). Los conflictos tampoco se evitan. El psicomotricista no interviene inmediatamente porque muchas veces, si les damos tiempo, los niños son capaces de resolver por si mismos esos conflictos y aprender de esa experiencia, con lo cual se favorece su autonomía en la resolución de conflictos, sin necesidad de intervenciones ni juicios por parte del adulto.

v     Intelectuales, porque si se han vivido plenamente las fases anteriores, se está más preparado para las siguientes. Si los niños pueden desarrollarse plenamente en un plano sensorial, la adquisición de nuevas capacidades (las capacidades intelectuales y cognitivas) se realizará con más éxito y disfrute.

Como dice Bernard Aucouturier, “La práctica psicomotriz educativa y preventiva es una práctica que acompaña las actividades lúdicas del niño. Está concebida como un itinerario de maduración que favorece el paso del placer de actuar al placer de pensar y permite al niño asegurarse frente a las angustias”. ¿Por qué preventiva? Porque podremos evitar posibles dificultades en el desarrollo o, si aparecen, se podrán afrontar con mayor éxito.


¿Cuál es la función del psicomotricista?

Es la figura de confianza y seguridad en la sala. El psicomotricista tiene una formación teórica, práctica y personal que le permite acompañar y observar activamente el juego de los niños.

La formación personal tiene como principal objetivo que el psicomotricista vivencie y experimente en si mismo, a través de diversas dinámicas, todo aquello que un niño puede experimentar a lo largo de sus primeros años, todo aquello que cualquier adulto ha experimentado en su infancia pero que en muchos casos hemos olvidado y ya no nos planteamos: los vínculos con las figuras de apego, el juego, el placer del movimiento, la frustración, el miedo, la alegría y la tristeza, los límites, el deseo, la agresividad… Para trabajar con los niños hay que conocerlos y conocerse lo mejor posible con el objetivo de evitar juicios y proyecciones y favorecer una búsqueda personal de cada niño.

El psicomotricista establece con los niños un vínculo afectivo basado en el respeto y la confianza hacia la capacidad que tienen para decidir y actuar. Sus intervenciones son mínimas para favorecer la autonomía y respetar el tiempo y el espacio que cada niño necesita: interviene cuando hay que asegurar el espacio, para hacer evolucionar alguna situación o para recordar las normas que se establecen para poder jugar libremente. Está disponible para los niños pero no se anticipa a sus deseos ni actúa en el lugar de los niños. De esta forma surge en los niños el deseo de actuar y tienen la oportunidad de saber qué quieren.

Llegamos a un concepto clave en la psicomotricidad educativa: el deseo. Es importante saber lo que uno quiere en la vida, cuáles son nuestros deseos para tratar en la medida de lo posible de satisfacerlos. No siempre vamos a poder hacer lo que deseamos, pero es importante saber cómo queremos vivir nuestra vida. Estas actitudes ¿cuándo se deben favorecer?: desde el principio de la vida.

El psicomotricista acompaña y observa activamente el juego de los niños. Las observaciones que el psicomotricista hace en la sala de psicomotricidad se basan en los organizadores y parámetros del desarrollo psicomotor: la confianza y seguridad, la exploración del espacio y de los objetos, el equilibrio, la expresión creadora, el tiempo, cómo se relacionan con los demás, cómo es el gesto, la mirada, el lenguaje, la expresión y el tono corporal…

El juego libre de los niños revela mucha información acerca de cómo están. El psicomotricista recoge esa información y puede valorar la necesidad de una intervención reeducativa o terapéutica, dar pautas a los padres y educadores etc.


¿Cómo se desarrolla una sesión?

Cuando entramos en la sala de psicomotricidad, nos quitamos los zapatos y nos sentamos en el suelo formando un corro. Es el momento de saludarnos, decir nuestros nombres y recordar las normas: estamos aprendiendo a no hacernos daño ni hacer daño a los demás. 

Después del saludo, llega el momento de jugar. Los niños empiezan a ocupar el espacio de juego (¡o no!... depende de cada uno, del momento en el que esté o de las circunstancias que esté atravesando). El psicomotricista se sitúa en un lugar desde donde pueda observar a todos y estar disponible. El juego y el movimiento de los niños durante estas sesiones son totalmente libres y espontáneos. Con esta no intervención se favorece la autonomía, la iniciativa, la toma de decisiones, la confianza y seguridad y sobre todo, que surja en los niños el deseo, es decir, lo que el niño quiere hacer, lo que le interesa, le motiva, le mueve a actuar y a permanecer en lo que le gusta. El concepto de permanencia es también muy importante: cuando algo nos motiva, le dedicamos nuestro tiempo y esa tarea nos alimenta y nos hace sentir muy bien con nosotros mismos. A los niños cuando pueden decidir, les sucede lo mismo: están disfrutando, se sienten capaces y hay una permanencia en lo que hacen porque les motiva e interesa, con lo cual se está favoreciendo la perseverancia, la dedicación y el esfuerzo por alcanzar un objetivo propio.

Los niños incorporan estas vivencias y actitudes, que tienen un inmenso valor para su desarrollo y que están en la base de una personalidad saludable: la responsabilidad, la perseverancia, la capacidad de decisión, la capacidad de disfrutar, la capacidad de poner límites y de respetar los que ponen los demás...

Al final de la sesión, en la rueda final, los niños cuentan lo que han hecho y pintan. Es el momento de parar la acción. El dibujo es libre. La expresión creadora es también un medio a través del cual se expresan y comunican y proporciona información acerca de cómo está el niño.

Los tipos de juego que desarrollan los niños en la sala de psicomotricidad son el juego sensorio-motor (correr, saltar, subir, bajar, lanzar, empujar, arrastrarse…) en el que encuentran mucho placer y que es un juego fundamental para el desarrollo armónico del niño; el juego simbólico con el que recrean situaciones de su vida cotidiana que en ocasiones son conflictivas para ellos. Estos dos tipos de juego dan paso al juego cognitivo y al pensamiento abstracto.

A modo de resumen, cuando los niños hacen juego libre no sólo disfrutan mucho, sino que además están desarrollando de forma autónoma sus capacidades motoras, sociales, afectivas e intelectuales, de manera que les puedan ser útiles para afrontar sus dificultades. A través del juego espontáneo, de las decisiones que toman por propia iniciativa atendiendo a sus deseos e intereses, y en un espacio de respeto hacia si mismo y hacia los demás, los niños aprenden a conocerse, a relacionarse y a abrirse al mundo.

Esta forma de estar con los niños, desde el respeto hacia su capacidad de elección y de acción, debería, en la medida de lo posible, poder estar presente en cada momento del día a día. La relación niño-adulto y entre los propios niños se vería muy beneficiada.

Almudena

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